martes, 12 de abril de 2011

love story

Tengo muchisimo que estudiar, pero de todas maneras estoy aca compartiendo algo con ustedes:

Ella lo extrañaba demasiado, lo podía jurar por su vida, la de él, la de ella, la de los dos. Pero aún así se atormentaba a la noche, porque se lo iba olvidando de a poquito y sutilmente.
No hay peor distancia que esa que deja de sentirse con el paso del tiempo. Porque al otro día de su partida, ella lo palpaba en el aire: sobraba oxígeno y faltaban sonrisas. A las tres semanas, todavía tenía intacto el perfume de ese chico en su memoria, y pasó por al lado de un hombre que había comprado el mismo frasquito de fragancias que él. Lo corrió porque quería sentirlo dos segundos más. Pero tuvo que dejarlo ir, porque no era parte de su vida. Ese hombre extraño no era nada, igual que tampoco lo había sido él.
Y así fue pasando el tiempo. Ahora, cuando siente su perfume en otra persona, ya no lo puede reconocer. Ahora se olvidó del sonido de su risa. Pero se acuerda que le encantaba escucharlo reír.
En las noches de Noviembre, ella se acostaba recordando lo que habían pasado ese día. Las imágenes de todos los momentos felices se proyectaban en su cabeza. Ahora recuerda que antes recordaba, porque ya no se acuerda de mucho. Sus recuerdos son solo otro recuerdo. Entonces no sabe si está enamorada de él o de lo poquito que recuerda de él.
Ahora ella debe admitir algo con todo el dolor del mundo: está dejando entrar a alguien más en su corazón. ¿Sólo pasaron dos meses y ya se lo olvidó? Qué vergüenza, ¡eso no es amor!
Ella ayer, o hace un mes, el tiempo ya no puede contarse bien, por la tarde pensaba que si tal vez hablaba con él un ratito, podría renovar su amor. Pero él no contestó. Sí, tal vez estaba ocupado, es posible que la llamada no haya podido cruzar el océano. Pero eso no le inmutó. Justo se conectó el chico nuevo. Hablaron un rato, hablan hace semanas ya.
Subió a su habitación. Había un peluche. Qué tonterías son esas cosas! Hace mucho dejó de dormir con ellos, y ahora sólo hay uno que decora la estantería de su televisor.
Pero ese día, ella hizo la prueba, y sintiéndose más tonta de lo usual, lo abrazó. Y extrañó a su novio como hacía mucho no lo extrañaba. Desde diciembre que no abrazaba a nadie de esa manera. Así que, ahí parada, medio triste por la sensación, pero feliz por saber que aún lo amaba, se quedó abrazada a ese peluche de mierda.
Escuchó pasos que venían por el pasillo, no quería que nadie la viera en esa estúpida situación. Se separó del conejito y rápidamente en la estantería lo apoyó. Depositó ahí también sus sentimientos.
Pero ahora hace frío otra vez, como en ese invierno que pasaron juntos. Ahora está feliz porque sabe que puede estar triste en su cama, tapada con cuatro frazadas y con la calefacción apagada, y abrazada al osito de peluche sin que nadie lo vea, acordándose de cuánto lo extraña.

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