martes, 24 de mayo de 2011

culpable

Después de todo, me siento acá a dejar de escribir tantas preguntas sin respuestas y escribir un par de verdades. 
Lloré tantas veces por sentir estrujado el corazón, y nunca me paré a pensar en que al menos tengo uno. 
No se valora lo que se tiene hasta que se pierde. Menos lo valoramos si sabemos que no hay chances de que las cosas vayan tan mal. 
El agua se está acabando. El ambiente se está contaminando. La tierra va a salirse de orbita en un rato más. 
Todo gira y gira, todo cada vez se pone peor. 
Cuando vuelvo a casa de noche, lo hago corriendo, y a veces lloro porque no sé si voy a llegar. 
Mi estómago da un salto al doblar en las esquinas, por no saber qué puedo encontrar al otro lado. 
El paco es el nuevo crack. Y nadie se lamenta demasiado como para hacer algo. 
Las madres lloran, y dicen que es injusta la discriminación de la sociedad. Y nadie tiene el coraje de decirles que la muerte de su hijo es la primer justicia real. 
¿Qué le pasa a las personas que se preocupan por conquistar galaxias alejadas antes de tener bajo control la vereda de su casa? 
El tráfico de personas no le envidia nada a la esclavitud; que al paso que vamos, al igual que la marihuana se legalizará. 
El calor es insoportable bajo sólo un ventilador. Y a esta misma hora, hay niños trabajando bajo el sol. 
No vayamos a África que demasiado alejado está. Ya no sé si se está peor allá o acá. 
Y a pesar de todo, sigo preocupándome por cosas tan triviales de las que avergonzarse no estaría mal. 
Se gasta plata en alcohol, cigarrillos, y después se piden subsidios al estado. 
Y las Malvinas, ni siquiera responden a ese nombre ya. ¿Para qué son necesarias? ¿Más pobres y corrupción en otro lugar? 
Las cosas que se ven a diario no están bien. Pero seguimos indiferentes igual. 
Sigo acá sentada, hablando tanto y haciendo tan poco. 

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