jueves, 19 de mayo de 2011

the time

Traté de llegar alto, alto, y miren que bajo estoy. Traté de tener todo, y tengo todo, todo por la mitad. Todo incompleto. Nada real. Nadie que se interponga entre tanta porquería y yo. Sólo pido que alguien levante su mano y diga que por favor me traten un poco mejor. 
Siempre fui amiga de la fortaleza, de la frialdad, del no llorar. Y contengo las lágrimas adentro mío, de los ojos para adentro, pero están. Están acá a punto de salir, de correrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr... 
Tener esta resistencia de caballero, siempre me pareció algo muy digno. Pero ya no quiero tener nada de caballero, odio compartir una X que me hace ser de la misma especie que ellos. Odio tener sólo un cromosoma de diferencia y compartir todos los demás. 
No quiero tener nada que ver con esa escoria, de la que ninguno se salva. Ya no me interesa elegir por lindo o feo. Son todos iguales. 
Las mujeres somos débiles, y ellos se valen de esa debilidad. A algunos no les tiembla la mano al levantarla, a la mayoría no les tiembla la voz para gritarnos, insultarnos, denigrarnos. No estamos en igualdad de condiciones. ¿Qué más puede hacer una mujer? Sólo confiar en que algún otro tenga la piedad de frenar tanto maltrato. 
El que participa en la pelea es de lo peor. El que la ve y no hace nada, no es mucho mejor. 
Cuando un hombre grita, cuando se irgue en toda su corpulencia, quedamos reducidas a la nada, insignificantes. 
Y cuando cincuenta hombres gritan, ¿qué somos si menos que nada no hay? 
¿Qué somos al ver que en tantos años de historia la mujer no consiguió demasiado, si hay chicas sufriendo por simple discriminación? 
¿Qué somos ahora y a dónde vamos? ¿Qué hacer cuando no solo uno, sino muchos, están rompiendo tu corazón? 
Sin importarles, sin pedir disculpas, sin tacto, sin compasión. Sin nada de lo que un hombre carece. Y cincuenta juntos, en todo esto solo encuentran diversión. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario