Todas las noches me siento a pensar, pero durante el día no me puedo acordar. Ahora sé, que tengo que empezar a hacer las cosas bien, que ya no soy una nenita y que mis caprichos nadie puede entender. Y me acuesto despidiendo al último día de mi inmadurez. Pero me levanto con la pata izquierda, con la cara larga y los impulsos a flor de piel.
Me paso el día arruinándome, y a las personas que quiero también. Mis buenos sentimientos no logran ponerse a prueba.
Es que no me logro decidir, en quién me quiero convertir. Sé que lo pasé tan bien cometiendo estos errores. Pero también sé que llega el momento de cambiar aunque eso me cause cientos de dolores.Sería más sencillo tener las cosas claras, pero el problema es que no entiendo nada. Ni yo, ni nadie a mi al rededor. Nadie entiende nada.
Estoy armando un rompecabezas, no solo sin haber visto cómo quedará, sino sin saber si tengo todas las piezas sobre la mesa. Y encima todos quieren que me apure, y me preguntan el por qué de mis movimientos. ¿Cómo contestar si ni siquiera lo sé yo?
Pero lo que me está pasando, a decir verdad, poco se parece a un juego, donde uno puede equivocarse y volver a intentar. Ya estoy cansada de los positivimos y de las frases como "de los errores se aprenden", que nunca se hacen realidad.
Me gustaría volver al principio, no sé si para cambiar las cosas que hice, pero sí para prestar más atención.
Es hoy que entiendo el gran error de haberme levantado miles de domingos con la cabeza estallando y la conciencia intranquila, y ahora soy conciente que las historias de romances nunca salen de las películas.
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