Vos estabas de camino a las estrellas. Pero te caíste en este planeta. Eras un extraño, por eso no encajabas de lo mejor. Yo estaba en el desierto, me faltaba agua y tenía sed; estaba arreglando las alas de mi avión estrellado. Pero vos viniste con tu sonrisa y tus ojos suaves y prometiste solucionar todo para mí. Fue entonces cuando me deslumbraste con tu ternura y tus gestos aterciopelados. Era obvio que no pertenecías a este mundo tan ordinario.
El veneno pronto llegó a tu sangre, y desapareciste en una estrella. Dijiste que mire allí siempre que te quiera encontrar. Nunca fui buena en astrología, no entendí qué estrella me decías y la perdí de vista. Pero no hace falta, ¿sabés? Porque mire a donde mire, cualquier parte del cielo, la estrella más común, el lucero, la luna o las tres Marías, todas ellas me recuerdan a vos.
Vos no sos el principito, y yo no soy ese viejo aburrido, yo sé bien dónde estás, siempre tomo un mapa y fijamente y con tristeza, miro ese lugar. Con frecuencia pienso en terminar de arreglar las alas de este avión para poder llegar hasta vos, encontrar un camino, emprender una aventura que mejore este maltrecho destino.
El tiempo cambió, no estamos en ese 1943. Yo sé bien que para encontrarte sólo debo quedarme en Internet. Pero nunca es igual, nunca.
Por eso termino aquí, otra vez con los ojos cansados y sin poder dormir, pensando en si habrás sido verdad, o sólo una alucinación, un espejismo que pasó por este desolado desierto en el que vivo yo. Te recuerdo y fuiste la perfección, así como lo hubiera sido un oasis en el medio del Zahara. Vos calmaste mi sed.
Pero te fuiste y no lo sé. Pude llegar otra vez a mi ciudad, pero ya no es aquí donde quiero estar. Necesito volar más y más lejos. ¿Qué habrá pasado con los peligros que te rodean principito? Tenías apariencia de fuerte, pero eras más débil que yo.
Quiero cuidarte de todo eso. Cuando vuelva a tenerte (volveré a tenerte) preferiría que aún tengas tu corazón.

No hay comentarios:
Publicar un comentario