Cuántos años tienes? ¿Todavía se rompe tu corazón y pataleas en tu cama al llorar? Tal vez no te quieres enamorar, eso parece cuando te alejas de mí cuando notas que me estás abrazando demasiado. Todas tus defensas son vanas porque sé que ya me querías de antemano.
Y ahora tratarás de olvidarme con cualquier chica que se cruce, ¿no es verdad? Pero nunca podrás y al final de la noche te sentarás a mirarme fijo y comprobar si tengo la valentía de acercarme a tí. Y la tendré, para tu alegría y la mía debo decir.
Me dirás que dejaste a esa chica de un año por mí, y después te irás con cualquier gordita que ande por ahí. Me verás rodeada de chicos y no podrás decir nada, tendrás miedo de que esté con algunos de ellos. Pero me conoces y, sabes en el fondo que puedes estar tranquilo, que volveré pura como siempre a entregarme a tí.
Y es que desde el primer día tuviste ventajas, al quedarte callado mientras yo hablaba. Al conocerme tanto mientras yo ni siquiera te miraba. Ahora que estamos juntos ya sabes que cuando yo quiera estar contigo, simplemente voy a ir directo a rodear tu cuello con mis manos y demostrarte lo poco que te quiero como amigo.
Y como te dije, sos raro, tenés miles de actitudes que me sacan de quicio, no te reís tanto como me gustaría y nunca sé con qué me vas a salir. En cambio yo, soy de mucho hablar y soy tan predecible que siempre sabes qué esperar. Sabes con qué mano te voy a acariciar antes de que me pueda mover. Conociste mis movimientos. No sé si agradecerte o mandarte con tu mamá. Parece que soy interesante, pero no me interesa que tengas tantas armas para ganar.
Sabes mis por qués y te gusta preguntármelos para ponerme a prueba. Y yo, siempre ilusa y siempre honesta, te contesto con la verdad. Sabías bien por qué de que de lo nuestro nadie se tenía que enterar pero me hiciste decirlo en voz alta, solo para reírte de mí y mis motivos. Al menos me regalaste esa sonrisa, y la risa oculta de que nadie sepa qué hay entre nosotros en realidad.
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